Capítulo 1: La llegada y la despedida


Tratar de conquistar al mundo... digo, al gato.

   Finalmente se dejó de tontear y tomó cierta confianza. Cada tanto el gato hacía acto de presencia. Cuando tenía hambre, cuando quería reactivar su instinto asesino y zamparse una rata, cuando deseaba un hogar (tal vez), el gato se volvía por estos lares. 

   A cada oportunidad le demostré cariño, ya con la mirada, ya con un gesto; aun así el testarudo animal tardó en domesticarse.   

   Hubo un tiempo en que pensé que nunca dejaría atrás su hosquedad.

   Su primera manifestación de aceptación tardó en llegar.

   Cuando decidió que el patio central ya formaba parte de su dominio, se aventuró a investigar la casa. Yo trataba de que nadie notase los primeros pasos del gato hacia una vida menos nómade. Cuando mi madre o mi hermano, Rodrigo, aparecían en el momento inapropiado, un aplauso o un repentino antojo de ensayo de danza advertían al animal del peligro y lo espantaba fuera de los ojos intrusos. Gradualmente mi guardia se volvería menos rigurosa.

Dejar que el gato espante las ratas de la cocina.
Dejar que el gato se familiarice por sí solo.
Suma cosas del nodo: 999999 - [[999999]] - -4